El alzacola rojizo [Rufous-tailed Scrub Robin - Cercotrichas galactotes] es de esos pájaros que se presentan solos: en cuanto se posa levanta la cola, la despliega en abanico y la deja ahí arriba, casi vertical sobre el lomo, como si estuviera saludando. No hace falta más para identificarlo. Es un ave del sur, de viña y olivar, que llega a finales de marzo desde el otro lado del Sáhara y se marcha en octubre. Y es, sobre todo, un pájaro al que se le está acabando el tiempo: SEO/BirdLife lo eligió Ave del Año 2022 precisamente para llamar la atención sobre eso.
Empecemos por el aspecto. Es algo mayor que un petirrojo, esbelto, de patas largas y pálidas, con el dorso pardo arena cálido y las partes inferiores de un crema muy limpio. La cara lleva la marca clave: una lista superciliar blanca y neta, con una línea oscura por debajo que le cruza el ojo. Pero lo que de verdad cierra la identificación es la cola: rufa, ancha y larga, con las plumas exteriores rematadas en blanco y una banda negra justo antes de la punta. Cuando la despliega, ese patrón se ve entero y no admite discusión. No hay dimorfismo sexual: macho y hembra son iguales.
El gesto que le da nombre es tan constante que sirve de identificación a distancia. Levanta la cola al posarse, al moverse por el suelo, al pararse un momento entre dos carrerillas. Es un pájaro terrestre: se mueve por el suelo desnudo con paso largo, entre los terrones y los ribazos, y sube a una rama baja o a un tocón cuando quiere otear. En estas fotos aparecen dos aves juntas, una de ellas más pálida y compacta, con el aspecto que tienen los jóvenes del año a estas alturas del verano.
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El gesto que le da nombre: subirse a un terrón y levantar la cola como una bandera. Campiña de Utrera (Sevilla), 4 de agosto de 2026. Sony α7R II + 200-600 mm con teleconversor 1.4×
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¿Con qué se puede confundir? Menos de lo que parece. El ruiseñor común es más rechoncho, de color más uniforme, sin la ceja blanca marcada y sin ese patrón blanco y negro en la punta de la cola; además es un pájaro de espesura, no de suelo abierto. El colirrojo tizón tiene la cola rufa pero es gris oscuro y la vibra en lugar de desplegarla en abanico. Y con las currucas el asunto se resuelve mirando la postura y las patas: el alzacola es más largo de pata, más terrestre y de porte más erguido.
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| Alzacola con su pollo entre los terrones |
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| Alzacola alimentándose del viñedo |
Ese paisaje de secano con lindes vivas se está evaporando, y el alzacola se va con él. Está catalogado En Peligro (EN) en el Libro Rojo de las Aves de España de 2021, y en 2022 fue elegido Ave del Año en votación popular, con 3.368 votos de los 8.876 emitidos, por delante del aguilucho cenizo y del alcaudón común. Las cifras explican la urgencia: la población española ha caído un 94,8 % entre 2004 y 2020, hasta unos 17.000 individuos, y entre los dos últimos atlas el área ocupada se contrajo un 41 %. Hoy le queda poco más de 2.200 km², repartidos casi por completo entre Andalucía y Extremadura, que suman el 94,5 %; Sevilla es la provincia con más aves, unas 3.700. En algunas zonas la caída es casi total: del 86 % en Badajoz al 98 % en Alicante. A escala mundial la UICN lo considera Preocupación Menor, así que el desplome es enteramente nuestro. Las causas son las de siempre: paso del secano al regadío, mecanización, fitosanitarios, arranque de viñedo tradicional y concentración parcelaria, que se lleva por delante justo el mosaico de lindes del que depende.
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| En posición de alerta |
En España queda repartido en tres manchas: el valle del Guadalquivir, el bajo Guadiana y el sureste semiárido de Murcia y Almería, más un núcleo importante en el norte de Cáceres y poblaciones ya muy fragmentadas en Cádiz y Málaga. Donde mejor aguanta se han medido densidades de hasta 17 parejas por kilómetro cuadrado en Trebujena, frente a una media de poco más de 3 parejas por km² en el conjunto de Andalucía y Extremadura: la diferencia entre un campo con lindes y otro sin ellas. Estas fotos son de la campiña de Utrera, en pleno Valle del Guadalquivir, una tarde de agosto: cuatro aves, algo más de una hora delante de la cámara mientras se iba la luz. Es una de esas especies que uno da por descontadas hasta que mira los números y entiende que quizá no vaya a ser tan fácil volver a verla. Si andas por la viña o el olivar de secano del sur entre abril y septiembre, camina despacio por los bordes y fíjate en los pájaros que corretean por el suelo: si uno se para y levanta la cola como una bandera, ya sabes lo que estás viendo.






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