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15 septiembre 2026

De la laguna de Boada al embalse de Aguilar de Campoo: mañana de pajareo en Palencia con águila pescadora

 El martes 15 de septiembre era festivo en Cantabria, así que salí de casa a las seis de la mañana con la idea de plantarme en la laguna de Boada de Campos, en plena Tierra de Campos palentina, antes de que amaneciera. La laguna es uno de esos humedales con historia: desecada en los años setenta con la concentración parcelaria y recuperada a finales de los noventa por el ayuntamiento y la Fundación Global Nature, hoy vuelve a inundar unas sesenta hectáreas de la ZEPA de La Nava-Campos.

 

Amanecer sobre el camino agrícola que lleva al observatorio de la laguna de Boada de Campos
Amanece sobre el camino del observatorio de Boada. Tierra de Campos (Palencia), 15 de septiembre de 2026.

 Aparqué donde indican los carteles y eché a andar hacia el observatorio con la primera luz, y el madrugón empezó a pagarse solo: en unos pajares junto al camino había un buen grupo de cernícalos primilla, que a mediados de septiembre ya deberían tener la maleta hecha para África y andaban apurando el rastrojo palentino. Intenté sacarles alguna foto con la calma corta del que sabe que el sol no espera, y de aquello no quedó nada que mereciera enseñarse, pero ver tanto primilla junto ya valía el viaje.
La laguna, en cambio, jugó al despiste. Desde el observatorio queda lejísimos, el acceso a pie por el entorno está prohibido y bien señalizado, y el agua con aves quedaba fuera del alcance razonable incluso a 1200 milímetros, así que me volví al coche y probé a arrimarme por el camino de Villalón, que bordea la laguna por el otro lado.

 

Rastrojos de Tierra de Campos al amanecer con el observatorio de la laguna de Boada al fondo
El observatorio, al fondo a la derecha; la laguna, mucho más allá del área visible de la foto por la izquierda, a una distancia absurda. Boada de Campos (Palencia) 15 de septiembre de 2026.

 A la altura de la laguna me encontré una carpa y varios coches aparcados, y como no sabía qué era aquello ya me disponía a dar media vuelta cuando llegó Teresa, una pajarera local que va casi a diario y que me sacó de dudas: estaban anillando, y cuando la sesión termina a veces dejan asomarse unos minutos a la laguna. Esperamos juntos un rato, charlando de sitios y de pájaros, pero ese día el coordinador no dio permiso y nos quedamos sin asomarnos. De la conversación me llevé, además de un rato agradable, dos datos que valían oro: que no perdiera el tiempo en la laguna de la Nava, porque un incendio había arrasado aquella zona, y que probara suerte en la laguna de Pedraza.
La laguna de Pedraza, otro humedal estacional recuperado por la misma fundación, estaba completamente seca; en septiembre y con el año que llevamos tampoco era ninguna sorpresa. Así que tocaba plan C: ir volviendo hacia Cantabria con parada larga en el embalse de Aguilar de Campoo.
El camino del embalse también dio lo suyo. Un busardo ratonero muy oscuro vigilaba la mañana desde una señal de tráfico y aguantó el acercamiento del coche lo justo para una pequeña sesión, tan a contraluz como manda la ley del busardo posado, antes de largarse con esa calma ofendida que gastan.

Busardo ratonero de plumaje oscuro posado en una señal de tráfico camino del embalse de Aguilar
Busardo ratonero de guardia en su señal, camino del embalse. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

  Una paloma torcaz posada en lo alto de un chopo seco y una tarabilla norteña en su percha de cardos completaron las paradas de cuneta; la tarabilla, con su ceja clara bien marcada y el pecho ocre, iba también de paso hacia el sur, que en septiembre la Tierra de Campos es una gasolinera de migrantes.

 

 

Tarabilla norteña con su ceja clara posada en una vara seca en Tierra de Campos
 Tarabilla norteña en paso, camino del embalse. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 El embalse de Aguilar recibía con la estampa de este año seco: una playa enorme de arena clara y el agua allá abajo, más pantano de agosto que de septiembre. Me recorrí entera la playa sur y parte del pinar que la rodea, y lo que parecía un paseo de despedida acabó siendo lo mejor del día.

Playa de arena de la orilla sur del embalse de Aguilar de Campoo con el agua baja
playa sur del embalse de Aguilar, con el agua de un año seco. Palencia, 15 de septiembre de 2026.

 En el agua, somormujos lavancos repartidos y ya en plumaje de invierno, y un ir y venir de gaviotas reidoras patrullando la orilla a baja altura, también con la cabeza blanca de invierno y la mancha oscura detrás del ojo por toda seña.

 Y entonces llegó el premio gordo. Un águila pescadora cruzó bajo sobre el embalse y, para cuando la tuve en el visor, ya remontaba con un pez bien agarrado en las garras, rumbo a algún posadero tranquilo de la otra orilla. La otra pescadora del blog era de las salinas de Sanlúcar, de modo que encontrármela pescando en un embalse a las puertas de la Montaña Palentina, en pleno paso posnupcial, tiene su punto de justicia poética: el madrugón de Boada encontró su recompensa a cien kilómetros de donde la buscaba.

 

Águila pescadora remontando el vuelo con un pez en las garras sobre el embalse de Aguilar de Campoo
El águila pescadora se lleva su captura del embalse de Aguilar. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 El pinar de la playa sur guardaba la última alegría de la mañana: un papamoscas cerrojillo de tipo hembra, discreto y gris entre los troncos, cazando desde una rama baja con la paciencia de los que están de viaje y no tienen prisa. Con él cerré la salida y enfilé de vuelta a Cantabria, con la libreta más llena de lo que prometía el arranque del día.

 

Papamoscas cerrojillo de tipo hembra posado en una rama seca del pinar del embalse de Aguilar
Papamoscas cerrojillo en el pinar de la playa sur. Aguilar de Campoo (Palencia), 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 En total, una mañana de las que enseñan dos cosas que ya deberían estar aprendidas: que en Tierra de Campos la planificación la carga el diablo —laguna inaccesible, laguna quemada, laguna seca— y que nunca hay que volver a casa sin parar en el agua que pille de camino. Todas las especies de la salida están, como siempre, en el listado de especies fotografiadas.