27 septiembre 2026

Aguilucho lagunero (Circus aeruginosus): cómo distinguir al macho de la hembra y del joven, y separarlo del cenizo y el pálido

El aguilucho lagunero [Western Marsh Harrier - Circus aeruginosus] es la rapaz característica de los carrizales, y en la marisma se reconoce de lejos por el vuelo. Lo que no se resuelve de lejos es qué ave concreta tenemos delante, porque el macho adulto y la hembra parecen dos especies distintas y, como las hembras y los jóvenes se ven mucho más a menudo, la imagen que queda asociada a la especie es la del ave chocolate con la cabeza crema, que es solo una parte del repertorio. En las tablas de arroz del Brazo del Este, donde están casi todas mis fotos, lo normal es cruzarse con hembras y jóvenes durante toda la mañana y que el macho no aparezca.
La hembra adulta es un ave grande y oscura, de un chocolate uniforme, con tres marcas claras que conviene memorizar porque son las que la identifican de lejos: el capirote de color crema, la garganta también crema y una mancha crema en el hombro, en el borde delantero del ala. Ese hombro claro es lo que permite separarla de un joven del año, que va igual de chocolate y con la cabeza clara, pero sin esa mancha definida y con el iris todavía oscuro, mientras que en la hembra adulta el ojo se ha aclarado a un pardo amarillento.


hembra adulta de aguilucho lagunero posada en un rastrojo arado, de tres cuartos, con el capirote y el hombro de color crema
Hembra adulta posada en el suelo de un rastrojo, con el capirote, la garganta y la mancha del hombro de color crema. Entorno de Doñana, diciembre de 2025. Sony A7R II + Sony 200-600 mm con teleconversor 1,4x, a 840 mm

El macho adulto va tricolor: el dorso pardo, la cabeza y el pecho de un ocre claro finamente rayado y, lo que lo resuelve a cualquier distancia, amplias zonas de gris ceniza en las alas y en la cola, con las puntas de las alas negras. Ese contraste no lo tiene ninguna hembra ni ningún joven, de modo que en cuanto aparece gris en un lagunero ya está sexado. Conviene contar además con los intermedios: el macho tarda varios años en completar ese plumaje, así que hay aves con el gris solo salpicado entre el pardo, que son machos inmaduros y no hembras.
El vuelo sirve donde el plumaje ya no llega, con el ave lejana o a contraluz. El lagunero patrulla bajo y lento sobre el carrizo, con las alas en «V» marcada y un balanceo lateral continuo, y se deja caer en picado corto sobre lo que detecta entre la vegetación. Ese perfil de alas levantadas y ese bamboleo son diagnósticos del género y, con el tamaño y las alas anchas, bastan para dejarlo en lagunero sin necesidad de ver un solo detalle de plumaje.


aguilucho lagunero en vuelo con la luz dorada del amanecer, visto desde abajo con las alas extendidas
Patrullando a primera hora sobre la marisma, con la luz rasante del amanecer. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600 mm


Una mañana de fin de año en el Brazo pasó a media distancia un lagunero con marcas alares de código, amarilla en un ala y naranja en la otra, del tipo que se coloca en los programas de seguimiento para reidentificar al ave a distancia sin recapturarla. Los marcajes especiales los coordina en España la Oficina de Anillamiento de la Estación Biológica de Doñana, y una foto con el código legible vale como cita: merece la pena forzar el recorte hasta leerlo y remitir la lectura, que es la forma más barata que tenemos los fotógrafos de que una mañana de campo acabe siendo un dato.


aguilucho lagunero en vuelo de frente con marcas alares de color amarillo y naranja con código en las dos alas
Ave marcada en un programa de seguimiento, con marca alar amarilla en un ala y naranja en la otra. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600 mm


La confusión clásica es con los otros dos aguiluchos, y se resuelve por tamaño y por color del obispillo. El lagunero es claramente el más grande y pesado de los tres, de alas anchas y aspecto macizo, y las hembras y los jóvenes son de un chocolate oscuro y saturado. El aguilucho cenizo y el pálido son más pequeños, esbeltos y ligeros, de alas estrechas, y sus hembras y jóvenes —los llamados «ringtail»— tienen un rasgo que el lagunero no tiene nunca: el obispillo blanco, una mancha clara muy visible en la rabadilla, justo donde arranca la cola. Además llevan la cara marcada con un antifaz oscuro y un collarín pálido en la nuca que al lagunero le faltan: el lagunero tiene la cabeza crema lisa, sin dibujo. Si el ave es grande, chocolate, con la cabeza clara y sin nada blanco en la rabadilla, es lagunero.
La población española es residente: los laguneros que crían aquí se quedan todo el año, y en invierno se les suman los que bajan del centro y el norte de Europa, de manera que el grueso de aves se ve entre noviembre y febrero. Cría en todas las comunidades salvo Canarias y Asturias, con el grueso en las cuencas del Duero, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir y el Ebro; Castilla-La Mancha, Castilla y León, Navarra y Andalucía reúnen por sí solas en torno a dos tercios de las parejas. Para invernada, los tres sitios grandes son Doñana, el delta del Ebro y la Albufera de Valencia.

Dónde y cuándo buscarlo: cualquier humedal con carrizal extenso, y también los arrozales y los cultivos de cereal del entorno, donde sale a cazar. Las mejores horas son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde, que es cuando patrulla; a mediodía se posa y desaparece de la vista. En invierno se concentra además en dormideros comunales dentro del propio carrizal, a los que las aves van llegando una tras otra en la última hora de luz. Casi todas mis fotos son del Brazo del Este, Los Palacios y el entorno de Doñana, entre diciembre y enero, y casi siempre desde el coche, que en la marisma funciona mucho mejor que cualquier hide.
La otra confusión habitual es el busardo ratonero, que comparte con el lagunero el tamaño, el tono pardo y la costumbre de bajar al suelo en campo abierto. El ratonero es más compacto y rechoncho, de cabeza redonda y corta, cola corta y ancha y alas más romas, mientras que el lagunero es más largo y estilizado, de cola larga y alas apuntadas, con el capirote y la garganta de un crema neto que el ratonero no tiene. Sobre el terreno y con las aves agachadas entre la hierba, que es como se dan la mayoría de las veces, la separación cuesta más de lo que sugiere cualquier guía: en la escena que cierra esta ficha tuve las dos especies a pocos metros una de otra en el mismo claro, y hasta ampliar el archivo no distinguí cuál era cuál.

aguilucho lagunero hembra adulta y busardo ratonero posados juntos en el suelo de un prado alfombrado de flores blancas
Hembra adulta de lagunero (derecha), con el hombro claro bien visible, junto a un busardo ratonero (izquierda) en el mismo claro. Los Palacios y Villafranca (Sevilla), diciembre de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600 mm


15 septiembre 2026

De la laguna de Boada al embalse de Aguilar de Campoo: mañana de pajareo en Palencia con águila pescadora

 El martes 15 de septiembre era festivo en Cantabria, así que salí de casa a las seis de la mañana con la idea de plantarme en la laguna de Boada de Campos, en plena Tierra de Campos palentina, antes de que amaneciera. La laguna es uno de esos humedales con historia: desecada en los años setenta con la concentración parcelaria y recuperada a finales de los noventa por el ayuntamiento y la Fundación Global Nature, hoy vuelve a inundar unas sesenta hectáreas de la ZEPA de La Nava-Campos.

 

Amanecer sobre el camino agrícola que lleva al observatorio de la laguna de Boada de Campos
Amanece sobre el camino del observatorio de Boada. Tierra de Campos (Palencia), 15 de septiembre de 2026.

 Aparqué donde indican los carteles y eché a andar hacia el observatorio con la primera luz, y el madrugón empezó a pagarse solo: en unos pajares junto al camino había un buen grupo de cernícalos primilla, que a mediados de septiembre ya deberían tener la maleta hecha para África y andaban apurando el rastrojo palentino. Intenté sacarles alguna foto con la calma corta del que sabe que el sol no espera, y de aquello no quedó nada que mereciera enseñarse, pero ver tanto primilla junto ya valía el viaje.
La laguna, en cambio, jugó al despiste. Desde el observatorio queda lejísimos, el acceso a pie por el entorno está prohibido y bien señalizado, y el agua con aves quedaba fuera del alcance razonable incluso a 1200 milímetros, así que me volví al coche y probé a arrimarme por el camino de Villalón, que bordea la laguna por el otro lado.

 

Rastrojos de Tierra de Campos al amanecer con el observatorio de la laguna de Boada al fondo
El observatorio, al fondo a la derecha; la laguna, mucho más allá del área visible de la foto por la izquierda, a una distancia absurda. Boada de Campos (Palencia) 15 de septiembre de 2026.

 A la altura de la laguna me encontré una carpa y varios coches aparcados, y como no sabía qué era aquello ya me disponía a dar media vuelta cuando llegó Teresa, una pajarera local que va casi a diario y que me sacó de dudas: estaban anillando, y cuando la sesión termina a veces dejan asomarse unos minutos a la laguna. Esperamos juntos un rato, charlando de sitios y de pájaros, pero ese día el coordinador no dio permiso y nos quedamos sin asomarnos. De la conversación me llevé, además de un rato agradable, dos datos que valían oro: que no perdiera el tiempo en la laguna de la Nava, porque un incendio había arrasado aquella zona, y que probara suerte en la laguna de Pedraza.
La laguna de Pedraza, otro humedal estacional recuperado por la misma fundación, estaba completamente seca; en septiembre y con el año que llevamos tampoco era ninguna sorpresa. Así que tocaba plan C: ir volviendo hacia Cantabria con parada larga en el embalse de Aguilar de Campoo.
El camino del embalse también dio lo suyo. Un busardo ratonero muy oscuro vigilaba la mañana desde una señal de tráfico y aguantó el acercamiento del coche lo justo para una pequeña sesión, tan a contraluz como manda la ley del busardo posado, antes de largarse con esa calma ofendida que gastan.

Busardo ratonero de plumaje oscuro posado en una señal de tráfico camino del embalse de Aguilar
Busardo ratonero de guardia en su señal, camino del embalse. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

  Una paloma torcaz posada en lo alto de un chopo seco y una tarabilla norteña en su percha de cardos completaron las paradas de cuneta; la tarabilla, con su ceja clara bien marcada y el pecho ocre, iba también de paso hacia el sur, que en septiembre la Tierra de Campos es una gasolinera de migrantes.

 

 

Tarabilla norteña con su ceja clara posada en una vara seca en Tierra de Campos
 Tarabilla norteña en paso, camino del embalse. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 El embalse de Aguilar recibía con la estampa de este año seco: una playa enorme de arena clara y el agua allá abajo, más pantano de agosto que de septiembre. Me recorrí entera la playa sur y parte del pinar que la rodea, y lo que parecía un paseo de despedida acabó siendo lo mejor del día.

Playa de arena de la orilla sur del embalse de Aguilar de Campoo con el agua baja
playa sur del embalse de Aguilar, con el agua de un año seco. Palencia, 15 de septiembre de 2026.

 En el agua, somormujos lavancos repartidos y ya en plumaje de invierno, y un ir y venir de gaviotas reidoras patrullando la orilla a baja altura, también con la cabeza blanca de invierno y la mancha oscura detrás del ojo por toda seña.

 Y entonces llegó el premio gordo. Un águila pescadora cruzó bajo sobre el embalse y, para cuando la tuve en el visor, ya remontaba con un pez bien agarrado en las garras, rumbo a algún posadero tranquilo de la otra orilla. La otra pescadora del blog era de las salinas de Sanlúcar, de modo que encontrármela pescando en un embalse a las puertas de la Montaña Palentina, en pleno paso posnupcial, tiene su punto de justicia poética: el madrugón de Boada encontró su recompensa a cien kilómetros de donde la buscaba.

 

Águila pescadora remontando el vuelo con un pez en las garras sobre el embalse de Aguilar de Campoo
El águila pescadora se lleva su captura del embalse de Aguilar. Palencia, 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 El pinar de la playa sur guardaba la última alegría de la mañana: un papamoscas cerrojillo de tipo hembra, discreto y gris entre los troncos, cazando desde una rama baja con la paciencia de los que están de viaje y no tienen prisa. Con él cerré la salida y enfilé de vuelta a Cantabria, con la libreta más llena de lo que prometía el arranque del día.

 

Papamoscas cerrojillo de tipo hembra posado en una rama seca del pinar del embalse de Aguilar
Papamoscas cerrojillo en el pinar de la playa sur. Aguilar de Campoo (Palencia), 15 de septiembre de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC.

 En total, una mañana de las que enseñan dos cosas que ya deberían estar aprendidas: que en Tierra de Campos la planificación la carga el diablo —laguna inaccesible, laguna quemada, laguna seca— y que nunca hay que volver a casa sin parar en el agua que pille de camino. Todas las especies de la salida están, como siempre, en el listado de especies fotografiadas.

13 septiembre 2026

Chorlitejo semipalmeado (Charadrius semipalmatus): la rareza americana de la bahía de Santander

 El chorlitejo semipalmeado [Semipalmated Plover - Charadrius semipalmatus] es el doble americano de nuestro chorlitejo grande, tan parecido que puede pasar delante de una fila de telescopios sin que nadie lo mire dos veces. El 12 de septiembre de 2026 había uno en las rocas de Pedreña, en la bahía de Santander, asociado a un grupo de chorlitejos grandes que descansaba en los islotes mientras subía la marea, y aquella tarde la orilla estaba llena de pajareros, algunos con mucha más experiencia que yo en este tipo de citas, que dieron por buena la identificación sobre el terreno. Al repasar la serie en casa apareció en varios encuadres junto a los grandes, que es exactamente donde hay que buscarlo.

chorlitejo semipalmeado de perfil con el anillo orbital amarillo y el pico corto de base naranja
El anillo orbital amarillo y el pico corto de base naranja, de perfil sobre la roca. Pedreña, bahía de Santander (Cantabria), septiembre de 2026. Sony A7R II + FE 200-600 mm + duplicador 1,4×


La identificación se decide en la cabeza y en el pico. El semipalmeado luce un anillo orbital amarillo, fino pero completo, que el chorlitejo grande no tiene o apenas insinúa; el pico es más corto y rechoncho, con la base de la mandíbula inferior naranja, y el conjunto da una cabeza redonda y compacta sobre un cuerpo algo menor. Hay otro detalle que me gusta porque queda bien registrado en foto, y es que el blanco de la garganta sube en una pequeña cuña por encima de la comisura del pico, mientras que en el grande el negro de la máscara baja hasta cortarla. La banda pectoral, además, suele ser más estrecha.

chorlitejo semipalmeado de perfil
Pedreña (Cantabria), septiembre de 2026. Sony A7R II + FE 200-600 mm + duplicador 1,4×

 

 Las palmeaduras que le dan nombre son el carácter que remata la cita. El semipalmeado tiene membranas en la base de los dedos, entre los tres, y el chorlitejo grande solo una pequeña entre los dos externos; es un detalle imposible de apreciar a distancia, pero cuando se deja ver las manos entre las rocas, queda documentado. En esta serie la doble palmeadura se aprecia en varios fotogramas, que son justo los que acompañarán al informe. El reclamo, un silbido ascendente distinto del del grande, es el otro carácter que delata a la especie en el campo, aunque a este ejemplar no llegué a oírlo.

chorlitejo semipalmeado de frente con un chorlitejo grande detrás para comparar
De frente, se puede observar la membrana con el dedo exterior, distintivo del Chorlitejo grande. Pedreña (Cantabria), septiembre de 2026. Sony A7R II + FE 200-600 mm + duplicador 1,4×


La especie cría en la tundra de Canadá y Alaska e inverna en las costas americanas, desde Estados Unidos hasta la Patagonia, de modo que cada ejemplar europeo es un ave desviada de una ruta que discurre entera por el otro lado del Atlántico. En España las citas homologadas se cuentan con los dedos, repartidas sobre todo entre Canarias y la fachada atlántica, y esta observación (La primera del 5 de septiembre por Guillermo Rodríguez)  irá al Comité de Rarezas de SEO/BirdLife. Mientras tanto queda la moraleja de siempre con los limícolas, que los bandos de chorlitejo grande del paso hay que mirarlos ave a ave, porque de vez en cuando uno de los chorlitejos resulta no serlo.


pajareros con telescopios en la playa de Pedreña durante la observación del chorlitejo semipalmeado
Ambiente pajarero tras la observación del día 12. Pedreña (Cantabria), septiembre de 2026

Todas las especies fotografiadas del blog están en el listado de especies.

08 septiembre 2026

El Sony 200-600 con duplicador 2x (SEL20TC) a prueba en el Brazo del Este: una mañana a 1200 mm

 A finales de agosto volví una mañana al Brazo del Este con un plan añadido al pajareo de siempre: llevar puesto el duplicador 2x de Sony, el SEL20TC, sobre el 200-600 durante toda la salida, sin quitarlo más que al principio, para ver de una vez qué da de sí ese invento en condiciones reales de marisma. A 1200 milímetros y f/13 el margen de error es pequeño —la luz del amanecer obliga a subir el ISO y el coche hace de trípode—, así que el sitio era el banco de pruebas perfecto: aves confiadas, distancias de todo tipo y dos horas de luz buena antes de que el calor apague la marisma.

 El amanecer: moritos y una garceta anillada

Los moritos abrieron la mañana como la suelen abrir en el Brazo, en bandos que cruzaban en silueta el cielo naranja camino de los arrozales, y esos primeros minutos los tiré todavía sin duplicador, que para siluetas en vuelo no hace ninguna falta, y la escasez de luz imposibilitaba el disparo a f13


Bando de moritos comunes en silueta sobre el cielo naranja del amanecer en el Brazo del Este. Lejos
Moritos al amanecer. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600

 

 
Al poco de amanecer ya coloqué el duplicador para empezar con la jornada de prueba a 1.200mm. El primer pájaro que se llevó la atención fue una garceta grande que pescaba en la laguna con el agua todavía rosa lleva anilla amarilla de lectura en la tibia izquierda, además de la metálica en la derecha.
 
Garceta grande con anilla amarilla de lectura en el agua rosada del amanecer
Garceta grande con anilla de lectura, primera foto a 1200 mm de la mañana. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 Las espátulas comían en la orilla de la misma laguna, barriendo el agua con ese pico que de perfil no se confunde con nada, y compartían el borde de hierba con garcetas comunes, una garza real y algún morito suelto que había preferido quedarse a desayunar en vez de seguir al bando.
 
Grupo de espátulas comunes alimentándose en la orilla al amanecer, una con el pico de perfil
Espátulas comiendo en la orilla, a 1200 mm y con la luz jugando a favor. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 
 El fumarel de la barandilla
  Un fumarel cariblanco en plumaje no nupcial, con la frente ya blanca y el capirote reducido a la nuca, descansaba en una barandilla metálica sobre el canal, tan quieto que me dejó acercar el coche hasta la distancia del retrato; a esas distancias cortas es donde el duplicador se gana el sitio en la mochila, porque convierte un posado normal en un primer plano.
 
Fumarel cariblanco en plumaje no nupcial posado en una barandilla metálica
Fumarel cariblanco en la barandilla del canal. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 Los abejarucos del cable
Los abejarucos siguen agarrados al verano cuando agosto se acaba, y esa mañana un grupo usaba el cable trenzado que cruza uno de los caminos como percha de caza. Con la primera luz dorada y los 1200 milímetros pude trabajarlos sin bajarme del coche, erizados aún del fresco de la noche, hasta que el sol calentó y empezaron las salidas a por abejas.
 
Abejaruco europeo con el plumaje erizado posado en un cable trenzado a primera hora
Abejaruco recién levantado, todavía erizado. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 
 Los tejedores, en plena faena
El tejedor cabecinegro fue el plato fuerte de la mañana. Esta especie africana lleva años establecida en los arrozales del bajo Guadalquivir, y el Brazo es de los pocos sitios de Europa donde se deja ver bien; lo que no había visto nunca hasta ahora es lo que da nombre al pájaro: un macho tejiendo. Colgado boca abajo de una panícula seca, anudaba con el pico tiras verdes de hoja alrededor del tallo, con una soltura de cestero que no se olvida una vez vista.
 
Tejedor cabecinegro macho colgado boca abajo tejiendo tiras verdes en una caña
Macho de tejedor cabecinegro anudando tiras de hoja: el nido, empezado. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 
Tejedor cabecinegro macho colgado haciendo un nudo tiras verdes
Mismo ave haciendo un nudo

 El nido terminado colgaba unos metros más allá, un cesto de fibras ya secas trenzado entre las hojas de la caña, y alrededor de la pequeña colonia había movimiento constante: el macho de capirote negro y pecho dorado vigilando desde el carrizo, y hembras y jóvenes repartidos entre las espigas de arroz y los tarajes.
 
 
Nido tejido de tejedor cabecinegro colgando entre hojas de caña
El nido, un cesto colgado de la caña. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

Tejedor cabecinegro macho de capirote negro y pecho dorado entre el carrizo
Macho de tejedor cabecinegro en el carrizo. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

Una de las hembras se plantó en unos terrones de fango seco con una oruga enorme atravesada en el pico, y ahí estuvo un buen rato con ella, que es de esas escenas que valen más que cualquier retrato posado.
 
Tejedor cabecinegro de tipo hembra con una gran oruga en el pico sobre terrones de fango seco
Tejedor con una oruga sobre los terrones. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 
Tejedor cabecinegro de tipo hembra con una gran oruga en el pico sobre terrones de fango seco. Segunda toma
Segunda toma

A otra hembra la grabé en vídeo moviéndose por el arrozal.
 

 
Tejedor cabecinegro de tipo hembra encaramado a las panículas verdes del arroz
Hembra de tejedor en la espiga del arroz. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 Un carricero confiado
Un carricero común joven, con todo el plumaje nuevo y de tonos más cálidos que los adultos que uno ve en primavera, se dedicó a acicalarse al descubierto sobre las cañas secas durante varios minutos, ajeno por completo al coche, con la lenteja de agua poniendo el fondo verde. Para un pájaro de este tamaño, poder quedarme a distancia cómoda y que los 1.200 milímetros hicieran el resto es justo el escenario donde el duplicador compensa.
 
Carricero común joven acicalándose al descubierto sobre cañas secas con fondo verde
Carricero joven acicalándose sobre la caña seca. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 El guardarraíl de las garzas
La garcilla cangrejera de turno —en el Brazo en verano nunca falta— posaba en un poste sobre un canal de agua lisa y azul, ya sin el ocre nupcial, y a pocos metros un martinete adulto había elegido de percha nada menos que el guardarraíl de la carretera, con las patas amarillas agarradas al metal galvanizado: la foto menos «natural» aunque bastante frecuente en el Brazo.
 
Garcilla cangrejera posada en un poste sobre el agua azul lisa de un canal
Garcilla cangrejera sobre el canal. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 
Martinete común adulto posado en el guardarraíl metálico de la carretera
Martinete adulto en el guardarraíl. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 La garceta común del mismo tramo se dejó el retrato de cabeza, con el pico negro y la luz ya alta.
 
Primer plano de cabeza y pico de una garceta común
Garceta común de cerca: a 1200 mm sobra tele hasta para el retrato. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 La despedida: moritos a tiro de retrato
Los moritos que habían abierto la mañana en silueta la cerraron a plena luz, con un grupo alimentándose en un pastizal encharcado tan cerca del camino que hasta sobraba distancia focal. Entre los adultos, que a esa distancia ya enseñan los brillos verdes y púrpura del plumaje, andaba un joven del año, pardo mate y sin lustre.
 
Grupo de moritos comunes alimentándose en un pastizal encharcado, con un joven en primer término
Moritos a plena luz, con un joven del año en primer término. Brazo del Este (Sevilla), 29 de agosto de 2026. Sony A7R II, 200-600 + SEL20TC

 Qué tal se portó el duplicador
Los números de la mañana ayudan a situar la prueba: casi dos horas seguidas a 1200 milímetros y f/13, con el ISO en 4000 durante el amanecer y velocidades que al principio no pasaban de 1/100, disparando siempre apoyado en el coche.
El resultado fueron muchas fotos aprovechables, sin duda, sobre todo para documentar la salida en el blog, pero con una merma de calidad considerable respecto al 1,4x (SEL14TC), y no digamos ya respecto a los 600 milímetros sin extensor. Con luz fuerte y directa la combinación se defiende mucho mejor —el abejaruco del cable es la prueba—, aunque la profundidad de campo a 1.200 milímetros es tan escasa que enfocar al ojo se convierte en un ejercicio de paciencia.
La conclusión, después de una mañana entera con él puesto, es clara: para la marisma el 1,4x es mucho mejor compañero, y el 2,0x queda para montarlo ocasionalmente, cuando la foto sea testimonial y la distancia no deje otra opción.
 
A las nueve, con el sol ya alto y el calor apretando, la marisma se apagó como se apaga siempre en verano, de golpe, y me volví con la tarjeta llena y una idea bastante clara de lo que el duplicador puede y no puede hacer. El resto de especies del blog, como siempre, en el listado de especies fotografiadas.