El águila real [Golden Eagle - Aquila chrysaetos] es la gran rapaz de nuestras montañas, y verla nunca deja de impresionar. Mi encuentro más recordado fue en abril de 2010, durante una excursión familiar por el Valle de Cabuérniga (Cantabria): apareció patrullando el valle, aprovechando las térmicas que se forman entre las laderas para planear sin apenas batir las alas.
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| Valle de Cabuérniga (Cantabria). Abril 2010. Panasonic FZ50. |
La foto es de aquel día, hecha con mi vieja Panasonic FZ50. Hoy, acostumbrados a ráfagas de veinte fotos por segundo y enfoque automático infalible, una toma así recuerda que la fotografía de naturaleza es sobre todo paciencia y un poco de suerte. Sacarle una silueta reconocible a un águila con una bridge de 2010 fue todo un reto, pero la óptica cumplió y me quedé con el recuerdo.
Identificarla en vuelo no es difícil si te fijas en tres cosas. La primera, el tamaño: con cerca de dos metros de envergadura, es enorme. La segunda, el color: los adultos son de un marrón oscuro casi chocolate, con la nuca dorada que le da nombre. Y la tercera, la silueta: planea con las alas ligeramente levantadas, formando una "V" muy abierta, mientras que los buitres lo hacen con las alas más planas. Ese detalle de la "V" es la mejor pista para no confundirla a distancia.
Cabuérniga, con sus bosques y sus cumbres brañeras, es buen territorio para ella, como buena parte de la montaña cantábrica. El águila real necesita grandes espacios bien conservados para campear, así que verla en libertad es, además de un privilegio, buena señal del estado del valle. Eso sí, conviene observarla siempre a distancia, sobre todo en primavera, cuando está criando.
