El verderón común [European Greenfinch - Chloris chloris] es el más corpulento de los fringílidos que se dejan ver con facilidad en jardines, parques, setos y bordes de bosque, y aunque su nombre promete un pájaro verde, buena parte de los que uno se encuentra no lo son en absoluto, lo que explica la mayoría de las dudas de identificación que genera. Estas fotos son del hide de Pícidos de WildWatchingSpain, en las montañas de Riaño (León), donde los verderones bajaban a los posaderos cebados junto a carboneros y pinzones.
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| El amarillo del borde del ala, la mejor seña de identidad del verderón en todos sus plumajes. Hide de Pícidos, montañas de Riaño (León), marzo de 2025. Sony A7RII + Sony 200-600G |
Lo primero que salta a la vista es la hechura: un pájaro recio, de cabeza grande y cuello corto, con un pico cónico, ancho y pálido que es una herramienta de fuerza, capaz de abrir semillas más duras de las que puede el jilguero. Al desplegar las alas y la cola aparece lo que de verdad lo identifica a cualquier distancia y en cualquier plumaje, que es el amarillo vivo del borde del ala y de la base de la cola, un rasgo que conservan hembras y jóvenes por apagados que estén.
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| Macho, con el verde oliva macizo y el pico cónico y claro. Hide de Pícidos, montañas de Riaño (León), marzo de 2025. Sony A7RII + Sony 200-600G |
Conviene separar bien los sexos, porque las diferencias son grandes y son el motivo por el que tanta gente da por hecho que ha visto dos especies distintas. El macho adulto es de un verde oliva macizo y limpio, con el amarillo muy marcado en alas y flancos y un tono gris en las mejillas y las coberteras que le da un aire de pájaro bien acabado. La hembra es bastante más apagada, de tonos pardo-grisáceos con un lavado verdoso, con un veteado fino y difuso en el dorso y mucho menos amarillo, hasta el punto de que a contraluz puede parecer un gorrión de pico grueso. Los juveniles van más lejos todavía en esa dirección, con un pardo sucio y un rayado bastante marcado en el pecho y los flancos, y son los que más quebraderos de cabeza dan en verano y a principios de otoño, cuando andan por los comederos en compañía de los adultos.
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| Hembra, mucho más apagada y parda que el macho, con el veteado fino del dorso. Hide de Pícidos, montañas de Riaño (León), marzo de 2025. Sony A7RII + Sony 200-600G |
La confusión más frecuente es con el verdecillo, y se resuelve con dos o tres detalles que aguantan bien en campo. El verdecillo es el fringílido más pequeño de Europa, con sus once o doce centímetros frente a los quince del verderón, de modo que la diferencia de bulto se nota incluso sin nada al lado con que comparar. Su pico es muy corto y romo, casi en ángulo recto sobre una cabeza que parece grande de más para el cuerpo, mientras que el del verderón es alargado y cónico. En el color la clave está en el reparto del amarillo: en el verderón queda restringido al borde del ala y a la base de la cola sobre un cuerpo verde o pardo uniforme, y en el verdecillo el amarillo domina la cara, el pecho y la rabadilla, con un conjunto que se ve rayado y desordenado en lugar de liso.
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| La hechura recia y el cuello corto, con el pico pálido bien visible. Hide de Pícidos, montañas de Riaño (León), marzo de 2025. Sony A7RII + Sony 200-600G |
Merece una aclaración un término que mucha gente busca sin saber que no pertenece al campo, el del verderón escocés. No es una subespecie ni un ave que se pueda encontrar en el monte, sino una variedad de cría seleccionada por los criadores del norte de Europa, sobre todo en Bélgica, a partir de este mismo verderón común pero buscando ejemplares de mucha más talla, con más pecho y la cola más corta, y cruzada a veces con aves de mutación. Es jerga de canaricultura y no de ornitología, así que quien llegue buscándolo por un pájaro silvestre está buscando otra cosa: en el campo español lo que hay es el verderón común de estas fotos.
Su canto lo delata tanto como el plumaje, con una mezcla de trinos y gorjeos rematados por un sonido nasal y arrastrado, ese zuiiiij alargado que una vez reconocido se oye por todas partes en primavera, a menudo mientras el macho se pasea con un vuelo lento y mariposeante para marcar territorio. Fuera de la época de cría se vuelve sociable y anda en bandos, mezclado con jilgueros, pinzones y pardillos, recorriendo herbazales, rastrojos y comederos, y es entonces cuando resulta más fácil comparar de un vistazo machos, hembras y jóvenes en la misma rama.
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| Hembra alimentándose. Las fotos se hicieron en un posadero cebado del hide. Montañas de Riaño (León), marzo de 2025. Sony A7RII + Sony 200-600G |
En España está presente en la práctica totalidad del territorio, incluidas Baleares y Canarias salvo Lanzarote, y aunque llega hasta los dos mil metros se reparte sobre todo por debajo de los novecientos. La población es mayoritariamente sedentaria, así que lo tenemos todo el año, con un refuerzo invernal de aves procedentes del centro y el norte de Europa y una concentración en las zonas más templadas del sur y del litoral durante los meses fríos. La tendencia como reproductor es buena, con un incremento del setenta y cuatro por ciento entre 1998 y 2018 según el programa Sacre de SEO/BirdLife, y está catalogado como especie de preocupación menor; en contraste, los recuentos de invernantes vienen señalando un descenso en la última década, un patrón que comparten otros pequeños pájaros que invernaban aquí en mayor número.
Vale la pena añadir una advertencia sobre los comederos, aunque no sea un problema documentado en España. En Gran Bretaña y en varios países del norte de Europa el verderón sufrió desde 2006 un declive fuerte por la tricomonosis, una enfermedad causada por un protozoo que se transmite sobre todo en comederos y bebederos sucios y que allí llegó a reducir la población reproductora de forma severa. En España no hay constancia de brotes equivalentes en fringílidos silvestres, pero el mecanismo de contagio es el mismo en cualquier sitio, de modo que quien ponga semillas en el jardín hará bien en limpiar los comederos y cambiar el agua con frecuencia.




