19 agosto 2026

Garza real (Ardea cinerea): cómo identificarla, diferenciarla de la garceta grande y dónde verla

La garza real [Grey Heron - Ardea cinerea] es el ave que más veces he fotografiado sin proponérmelo, y también la que más veces he dejado pasar sin levantar la cámara. Está en todos los humedales a los que voy y siempre hay una dentro del encuadre mientras espero otra cosa, así que acaba pasando lo de siempre: se la mira por encima del hombro hasta el día en que una se posa en un tocón con buena luz y uno se acuerda de que mide un metro y abre metro y medio de alas.

garza real posada en un tocón sobre el agua con flamencos dormidos desenfocados al fondo
Garza real sobre un tocón, con flamencos dormidos al fondo. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm


El adulto tiene el dorso ceniciento, una mancha negra bien marcada en el hombro, el cuello blanquecino recorrido por delante por una hilera de goterones negros, y la cabeza blanca con una banda negra que arranca del ojo y termina en un penacho de plumas finas colgando de la nuca. El pico, largo y potente, es amarillo la mayor parte del año y se vuelve anaranjado en la época de celo, igual que las patas se oscurecen y enrojecen en esas semanas: si la foto muestra un pico encendido, es primavera. Lo que despista de verdad es la edad. El joven no tiene nada de eso: frente, coronilla y cuello grises en lugar de blancos, sin penacho, y la mandíbula superior del pico oscura, de modo que a media distancia parece un ave apagada y sin marcas. Casi todas las garzas «raras» que me han hecho dudar en el campo eran aves del año.

garza real adulta sobre una mata de juncos con luz cálida, con la corona blanca y el pico anaranjado visibles
Sobre una mata de juncos a última hora, con la corona, el penacho y la mancha negra del hombro bien visibles. Brazo del Este (Sevilla), enero de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm

 

Come sobre todo peces, pero le entra casi cualquier cosa que quepa por el pico: anfibios, culebras de agua, cangrejos, insectos grandes, pequeños mamíferos y pollos de otras aves, incluso algún pato adulto. Para conseguirlo se planta inmóvil en la orilla o vadeando agua somera, con el cuello recogido, hasta que algo se mueve al alcance, y entonces lanza el cuello de golpe y vuelve a quedarse quieta. Esa quietud de minutos enteros es lo que permite acercarse con el coche y trabajar la foto con calma, y también lo que la delata a distancia: en un arrozal lleno de garcillas que van y vienen, la garza real es la única que llevará diez minutos sin moverse. Le sirve cualquier atalaya para vigilar el agua: la he fotografiado lo mismo sobre un tocón medio hundido que sobre la barandilla de una compuerta de riego, y en el arrozal esas estructuras de hormigón y hierro son a menudo el único punto elevado en cientos de metros.


garza real cazando en agua somera de la marisma con su reflejo completo en el agua
Cazando en la marisma, con el reflejo intacto. Doñana (Huelva), diciembre de 2025. Sony A7R II + Sony 200-600mm con teleconvertidor 1.4x

Garza real portando al vuelo una rata muerta en Doñana
Garza portando una rata en Doñana. Canon 450D + Canon 400mm F5,6L. Noviembre 2010

La garceta grande es la que da problemas, y no por el plumaje sino por la silueta: mismo tamaño, mismo cuello, misma manera de volar, y en cuanto el ave queda a contraluz o muy lejos el color deja de servir y las dos se quedan en la misma mancha gris; la garceta común, más pequeña, con el pico negro y los dedos amarillos, se separa sin esfuerzo. La garza imperial, que comparte con ella los carrizales del sur, es de tonos pardos y rojizos, con el cuello canela rayado de negro en vez de blanco con goterones, y suele estar más metida en la vegetación. En vuelo la garza real lleva el cuello recogido en una S muy marcada y las patas asomando por detrás de la cola, pero eso tampoco resuelve nada frente a la garceta grande, porque vuela exactamente igual. En el arrozal se las ve levantar juntas a menudo y ahí queda claro el problema: misma silueta, mismo cuello plegado, y con luz de frente lo único que las separa es el color.

dos garzas reales y dos garcetas grandes volando juntas sobre el arrozal, todas con el cuello recogido
 Dos garzas reales y dos garcetas grandes en el mismo vuelo: todas llevan el cuello recogido, y la diferencia está en el color. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600mm


En España se puede ver durante todo el año, aunque no siempre a los mismos individuos. Las garzas que crían aquí son sedentarias o hacen movimientos cortos, y a ellas se suman en otoño las que bajan del norte de Europa, con un paso importante por el estrecho de Gibraltar en octubre y noviembre; el resultado es que en invierno hay muchas más garzas que en verano, sobre todo en el cuadrante suroccidental y en los humedales costeros. Cría en colonias, muchas veces mezclada con otras garzas y con cigüeñas, en sotos y bosquetes junto al agua, y empieza a arreglar los nidos ya a mediados de febrero, de manera que en pleno invierno se la ve entrando y saliendo de las arboledas. La población española va en aumento y ha colonizado en las últimas décadas la vertiente cantábrica, donde antes no criaba: eso explica que hoy la encuentre lo mismo en las marismas de Sevilla que en las rías de Cantabria. No figura en el Catálogo Español de Especies Amenazadas y su estado de conservación es favorable.
Para buscarla vale cualquier lámina de agua con una orilla desde la que asomarse, y a diferencia de casi todo lo demás no hace falta madrugar, porque sigue cazando a plena luz del día cuando el resto del humedal se ha echado a dormir. En el sur la veo en cada visita al Brazo del Este, posada en los caballones y en los tocones de las acequias; en el norte, en las marismas y las rías cantábricas; y tierra adentro, en humedales como Salburúa.


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