23 junio 2026

Obispo coronigualdo (Euplectes afer): el tejedor africano amarillo y negro del Guadalquivir

  El obispo coronigualdo [Yellow-crowned Bishop - Euplectes afer] es un ave pequeña, del tamaño de un gorrión, que en el Brazo del Este aparece entre los carrizos y los arrozales. El macho en época de cría no admite confusión: amarillo intenso en la corona, la nuca, el dorso y la rabadilla, con un babero negro que baja desde la cara por el pecho hasta el vientre. A contraluz, ese amarillo destaca con fuerza sobre el verde de la marisma.

  Conviene aclarar su origen. No es una especie autóctona, sino un tejedor africano de la familia de los plocéidos que, a partir de ejemplares escapados de cautividad, acabó criando de forma asilvestrada en las vegas del Guadalquivir y del Guadiana. Hoy figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Los arrozales y carrizales del bajo Guadalquivir reúnen las condiciones que necesita, y en la provincia de Sevilla mantiene ya una población asentada.

  El llamativo plumaje amarillo y negro del macho solo se da en la temporada de cría, en verano. El resto del año muda a un plumaje pardo y estriado, prácticamente idéntico al de la hembra: tonos terrosos, ceja clara y finas  rayas oscuras en el pecho. Fuera del periodo nupcial conviene observarlo con atención para no confundirlo con hembras de otros granívoros ni con un gorrión moruno.

  Una buena pista para localizarlo es el vuelo nupcial del macho, que ahueca el plumaje y revolotea de forma característica en línea recta sobre el carrizal para marcar territorio.

  Estas fotografías están tomadas en el Brazo del Este (Sevilla), la localidad de referencia para observarlo en España. La mejor época es de junio a septiembre, cuando los machos lucen el plumaje nupcial completo.

 

Macho de obispo coronigualdo en plumaje nupcial, amarillo y negro, posado en un tallo
Macho de obispo coronigualdo en plumaje nupcial. Brazo del Este (Sevilla), septiembre de 2025. Sony A7RII + SEL200600G + SEL14TC

 

Obispo coronigualdo hembra o macho eclipse anillado
Obispo coronigualdo hembra o macho eclipse. Sony A7RII + SEL200600G + SEL14TC

 

Macho de obispo coronigualdo reclamando
 Macho de obispo coronigualdo reclamando. Sony A7RII + SEL200600G + SEL14TC

Macho y hembra de obispo coronigualdo posados juntos en un alambre de espino
Macho (derecha) y hembra (izquierda) de obispo coronigualdo. Brazo del Este (Sevilla), 2011. Canon 450D + 400mm f/5,6L

 


21 junio 2026

Paloma torcaz (Columba palumbus): cómo distinguirla de la bravía y la zurita, su arrullo y dónde verla

La paloma torcaz [Common Wood Pigeon - Columba palumbus] es la más grande y la más fácil de las palomas que vemos por aquí, y aun así mucha gente la confunde con la paloma de ciudad. La clave está en el cuello: ese parche blanco bien marcado a cada lado, que es justo lo que le da el nombre —«torcaz» viene de torques, collar—. Si ves ese collar, es torcaz sin duda.

  En cuanto se mueve, aparece la segunda pista: una banda blanca ancha en el ala, muy visible tanto posada como, sobre todo, en vuelo. Por lo demás es una paloma corpulenta, de cabeza gris azulada, pecho vinoso y un brillo verde y violáceo en los lados del cuello que con buena luz es precioso. El pico es rosado con la punta amarillenta y el ojo, pálido. Los jóvenes son más apagados y todavía no tienen el collar blanco, así que a un torcaz joven hay que identificarlo por el tamaño y la banda del ala.

  Con esto ya se separa de las dos especies con las que se lía: la paloma bravía (la urbana) es más pequeña, no tiene el collar blanco y enseña el obispillo claro al volar; y la paloma zurita, aún menor y más uniforme, carece de la franja blanca del ala. Si dudas, mira el cuello y el ala.

  Es un ave que oirás antes de verla: su arrullo es ese “cu-cuuu-cu, cu-cú” ronco y repetido que sale de las copas en primavera, además del fuerte aplauso de alas con que despega. La tienes en bosques, parques, setos y cultivos de casi toda España, y cada vez más metida en ciudades y jardines.

  Estas fotos son de Liencres (Cantabria): una en lo alto de un tejado al sol y otra posada en un cable, donde se le ve perfectamente la banda blanca del ala. 

 

Paloma torcaz adulta posada en una teja, de perfil, con el collar blanco del cuello visible
Paloma torcaz adulta sobre el caballete de un tejado; se aprecia el collar blanco y el brillo verde del cuello. Liencres (Cantabria), abril de 2020.

 

- alt: Paloma torcaz posada en un cable mostrando la banda blanca del ala — Liencres, Cantabria
La misma especie en un cable, con la banda blanca del ala bien marcada —una de las claves de identificación—. Liencres (Cantabria), mayo de 2025


16 junio 2026

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca): identificación y cómo verlo en migración

 El papamoscas cerrojillo [European Pied Flycatcher - Ficedula hypoleuca] es un pajarillo pequeño y vivaz al que, en buena parte de España, lo vemos sobre todo de paso. Cría en los bosques del norte y centro peninsular y pasa el invierno en África, así que durante las migraciones de primavera y, sobre todo, de otoño, aparece por casi cualquier arboleda, parque o jardín mientras viaja. Estas fotos y el vídeo son de un bosque de Villanueva de Villaescusa (Cantabria), en septiembre, en pleno paso otoñal.

 

Papamoscas cerrojillo posado en una rama en Villanueva de Villaescusa
Villanueva de Villaescusa (Cantabria). Septiembre 2025
 

Su nombre describe muy bien su manera de vivir: es un cazador de insectos al acecho. Se posa en una rama bien visible, quieto y erguido, y en cuanto pasa un insecto sale disparado a por él, lo captura en el aire con un quiebro ágil y vuelve, muchas veces, a la misma percha. Ese ir y venir desde un posadero fijo es de lo mejor para reconocer a un papamoscas aunque lo veas de lejos.

Papamoscas cerrojillo en plumaje otoñal pardo, Cantabria
Plumaje otoñal, pardo. Septiembre 2025
 

En cuanto al plumaje, conviene tener en cuenta la época. El macho en primavera es blanco y negro muy contrastado, con una mancha blanca en el ala y, a menudo, una pequeña mancha clara sobre el pico. Pero en otoño, que es cuando más se ven, machos, hembras y jóvenes se parecen mucho: todos lucen tonos pardo-grisáceos por encima y blanquecinos por debajo, conservando esa llamativa mancha blanca en el ala. Por eso los de estas fotos de septiembre se ven pardos: es lo normal en paso.

Papamoscas cerrojillo mostrando la mancha blanca del ala, Villaescusa
La mancha blanca del ala, bien visible. Septiembre 2025
 

Durante su parada migratoria se acercó a darse un baño en una bandeja de horno que tengo puesta como bebedero improvisado, y el resultado es el vídeo que acompaña esta entrada: un chapuzón de lo más entregado. Es un buen recordatorio de algo muy sencillo: un poco de agua atrae a un montón de aves, y en plena migración un bebedero puede ser un respiro para pájaros que están cruzando miles de kilómetros. No hace falta nada sofisticado; como ves, hasta una bandeja vieja sirve.

 


 Es un ave que cría en huecos —de árboles y, con mucho gusto, en cajas nido—, lo que lo ha convertido en una de las especies más estudiadas de Europa. Si tienes arbolado cerca, fíjate en las perchas expuestas durante el paso otoñal: hay muchas posibilidades de que en algún momento se pose uno.

Papamoscas cerrojillo posado
Utrera (Sevilla). Canon 450D + 400mm F5,6L

 

09 junio 2026

Mito común (Aegithalos caudatus): el pájaro de la cola larga y su nido increíble

El mito [Long-tailed Tit - Aegithalos caudatus] es uno de esos pájaros que arrancan una sonrisa nada más verlos. Diminuto, redondito y con una cola larguísima que mide más que su propio cuerpo, parece una bolita de algodón con palo. Es habitual en bosques, setos, jardines y zonas arboladas de buena parte de España, y se mueve durante todo el año.

Mito posado entre ramas mostrando su larga cola, en Villanueva de Villaescusa
Mito. Villanueva de Villaescusa (Cantabria). Septiembre 2025

 Identificarlo es inmediato: no hay otro pájaro nuestro con esa silueta. El plumaje combina blanco, negro y unos tonos rosados o vinosos en los hombros y los flancos, con la cabeza clara y la cola, larga y escalonada, que usa como balancín mientras se cuelga de las ramas más finas. Machos y hembras son iguales, así que aquí no hay que andar sexando.

Mito colgado de una ramita fina en un bosque de Cantabria
Retrato cercano de un mito con su antifaz oscuro y ojo claro

 Lo más característico, más que el aspecto, es su comportamiento. Casi nunca lo verás solo: se desplaza en pequeños grupos familiares que van revisando ramas y arbustos en busca de insectos y arañas, sin parar quietos un segundo y manteniendo entre ellos un parloteo constante de reclamos finos y agudos. De hecho, lo normal es oírlos llegar antes de verlos, y de pronto el grupillo cruza de un árbol a otro en fila, uno tras otro. Así me encontré a este, en un bosque de Villaescusa en septiembre: aunque en las fotos salga solo, alrededor andaba el resto del grupo moviéndose entre el ramaje.

Mito entre el follaje de un bosque en Villanueva de Villaescusa
Inquieto y acrobático, no para quieto un segundo

 Pero si el mito tiene un récord, es el de su nido, una auténtica obra de ingeniería. Construye una bolsa cerrada con forma de huevo, tejida con musgo y líquenes y cosida con cientos de hebras de telaraña, forrada por dentro con miles de plumas. Es elástico, para que crezca según lo hacen los pollos, y queda tan camuflado entre la vegetación que cuesta encontrarlo. Pocos pájaros de nuestro entorno se construyen una casa tan elaborada.

 

Mito común observando la cámara
Mito en un momento de observación

 En invierno, esos grupos cobran aún más sentido: los mitos duermen apretados unos contra otros en una rama para conservar el calor, una estampa entrañable que ayuda a estos pajarillos a superar las noches más frías.

Mito posado en una rama grande
Mito con su cara simpática