Somormujo cuellirrojo
[Red-necked Grebe - Podiceps grisegena]
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| Puerto de Raos (Cantabria). Sony a6400 + Sony 200-600mm |
Fotografía e identificación de aves de España y Europa, con foco en Cantabria y Andalucía: fichas de especies, rutas y dónde verlas.
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| Espectacular vista desde la playa |
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| Garceta común (Egretta garzetta) buscando el desayuno |
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| Correlimos tridáctilo (Calidris alba) reposando entre las ramas. |
La tórtola turca [Collared Dove - Streptopelia decaocto] es hoy un ave cotidiana en pueblos, jardines y ciudades de toda España, pero su historia es de las más curiosas que se pueden contar. Hace un siglo no existía en Europa occidental: estaba confinada a los Balcanes y Oriente Próximo. Desde los años 50 protagonizó una expansión espectacular hacia el oeste y el norte, llegó a la península en los años 70 y hoy está por todas partes. Pocas aves han colonizado un continente tan rápido.
Es fácil de reconocer: una paloma esbelta de tono pardo grisáceo claro, con un fino collar negro en la nuca —de ahí su nombre en inglés, Collared Dove— que es su marca inconfundible. En vuelo muestra la cola con las puntas blancas. Macho y hembra son prácticamente iguales.
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| Tórtola turca. Villanueva de Villaescusa (Cantabria). Mayo 2019 |
A quien empieza le conviene no confundirla con dos parientes. De la tórtola europea se distingue porque esta última es más colorida, con el dorso escamado en tonos rojizos, y además es estival y mucho más esquiva. De la paloma, por ser bastante más pequeña y estilizada, con ese collar característico.
Su presencia se delata sobre todo por la voz: un arrullo trisilábico y monótono, "cu-cuuu-cu", que repite con insistencia desde tejados, cables y antenas, y que en primavera puede llegar a hacerse cansino. También es típico su vuelo nupcial, subiendo en aleteo y bajando luego planeando con las alas y la cola desplegadas.
Está presente todo el año y cría varias veces seguidas, lo que explica en buena parte el éxito de su expansión. Aunque la asociamos al entorno urbano, no es raro encontrarla también en zonas arboladas y bordes de bosque, como en esta toma.
El agateador europeo [Short-toed Treecreeper - Certhia brachydactyla] es uno de esos pájaros que se ven mucho menos de lo que se tienen delante, porque su plumaje pardo veteado copia la corteza con tanta precisión que hasta que no se mueve uno no sabe que está ahí, y cuando se mueve suele ser hacia arriba y dando la vuelta al tronco, de modo que desaparece justo cuando lo has localizado. Las fotos de esta ficha son de dos sitios muy distintos: un abedul del Parque Natural de Izki, en Álava, una mañana de febrero, y el hide de Solia, en Villaescusa (Cantabria), donde una tarde de mayo apareció, recorrió un par de troncos y se marchó en tres segundos justos.
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| Trepando por un abedul, con las garras clavadas en la corteza y la cola apoyada por debajo. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G |
La silueta es inconfundible en cuanto se conoce: doce centímetros de pájaro estrecho y pardo, con un pico fino y curvado hacia abajo que parece prestado de un ave mayor y que trabaja las grietas de la corteza como una pinza, sacando arañas y pequeños insectos. Las patas llevan uñas largas y ganchudas, y la cola es rígida y de raquis grueso, apoyada contra el tronco igual que hace un pájaro carpintero. Esa combinación explica su manera de moverse, que es la clave de campo más útil de todas: el agateador sube siempre, nunca baja de cabeza. Empieza por la base de un tronco, asciende a saltos cortos describiendo una espiral, y cuando llega arriba se deja caer en vuelo hasta el pie del árbol siguiente para volver a empezar. Quien vea un pájaro pequeño bajando por el tronco con la cabeza por delante no está viendo un agateador sino un trepador azul, que es el único de nuestros pájaros que hace eso con soltura y que además es de un azul pizarra limpio por arriba, sin nada del veteado pardo del agateador.
| De perfil, con la ceja clara, el pico curvo y el veteado del dorso. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G |
En España es el agateador que casi todo el mundo tiene cerca. Ocupa bosques bien desarrollados de casi cualquier tipo, tanto frondosas como coníferas, y aparece en pinares, encinares, alcornocales, melojares, hayedos, sotos de ribera y también en parques y jardines arbolados de las ciudades, desde el nivel del mar hasta unos 2.000 metros en las montañas mediterráneas, aunque en el Pirineo no suele pasar de los 1.600. Está en todo el territorio salvo donde falta el arbolado, y se hace raro o desaparece en los grandes valles agrícolas del Ebro, el Duero, el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir, además del sureste árido. Es un ave sedentaria: no hace migración propiamente dicha, y lo único que se le conoce son descensos altitudinales cuando la nieve aprieta en las montañas, más algún movimiento regular en el estrecho de Gibraltar entre octubre y noviembre y a principios de primavera. En la Lista Roja de las aves de España figura como preocupación menor (LC), con una población reproductora amplia y en tendencia positiva. Conviene saber que en la cornisa atlántica y los Pirineos occidentales la subespecie es megarhyncha y en el resto del país brachydactyla, un detalle que importa poco en campo pero que explica que los agateadores del norte se vean algo más oscuros y contrastados que los del interior.
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| Rebuscando en las grietas de la corteza, que es donde encuentra las arañas e insectos de los que vive. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G |
Queda la confusión de verdad, la que da nombre a media búsqueda que llega a esta página: el agateador euroasiático (Certhia familiaris), que se parece tanto al europeo que separarlos es de los ejercicios más difíciles de la avifauna española. Lo primero que hay que saber es dónde puede plantearse siquiera la duda, porque el euroasiático en España solo vive en los Pirineos, la cordillera Cantábrica y el norte del Sistema Ibérico, en bosques maduros y frescos entre unos 800 y 2.000 metros —hayedos, abetales, robledales albares, pinares de pino silvestre y de pino negro—. Fuera de esas montañas no hay nada que decidir: cualquier agateador es europeo. Dentro de ellas, los rasgos que aguantan son estos. El euroasiático tiene la ceja blanca más ancha y más larga, llegando a la frente, las partes inferiores de un blanco más limpio —incluidos flancos e infracaudales, que en el europeo tiran a pardo-ocráceo— y el dorso más contrastado. El rasgo más sólido está en el ala: en el euroasiático las puntas blancas de las plumas forman un escalón evidente, mientras que en el europeo son solo un extremo en forma de rombo, sin escalón. Además el europeo tiene el pico algo más largo y la uña del dedo posterior más corta. Conviene mirar esos rasgos en un ave bien expuesta y con el ala relajada, porque con el ala plegada en escorzo las puntas blancas se superponen y aparentan un escalón que en realidad no está.
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| Vista dorsal: el veteado pardo y crema del dorso y la cola rígida apoyada contra la corteza. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G |
Todas las guías rematan diciendo que la voz es el criterio fiable, y hay que añadirles la letra pequeña: en las zonas donde ambas especies coinciden es frecuente que se imiten el canto la una a la otra, de modo que el rasgo más seguro se vuelve traicionero justo donde uno lo necesita. Con un ave dudosa en un hayedo cantábrico o pirenaico, dejarla en «agateador» a secas es la respuesta correcta, y más sabiendo que el euroasiático es una de las especies peor conocidas del país: la Lista Roja española no le asigna categoría de amenaza sino un «datos insuficientes» (DD), que viene a reconocer que no sabemos ni cuántos hay ni cómo les va. En un caso así, una identificación forzada estropea más de lo que aporta un hueco en la lista.
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| Sobre un tronco caído, una postura mucho menos habitual que la de trepar en vertical. Hide de Solia, Villaescusa (Cantabria), mayo de 2019. Panasonic GX8 + Leica 100-400 |
Para buscarlo, lo práctico es olvidarse de la vista y quedarse con el oído, porque su reclamo es un «tsiit» agudo y fino que repite mientras trepa y que delata su presencia mucho antes de que uno lo localice; en primavera el macho encadena esas notas en una estrofa corta y descendente que suelta una y otra vez sin dejar de subir por el tronco. Un truco que funciona es fijarse en los árboles viejos de corteza resquebrajada y en los troncos con placas sueltas, que es donde encuentra comida y donde además construye el nido, encajado detrás de una lasca de corteza medio despegada. En invierno se une con frecuencia a los bandos mixtos de carboneros, herrerillos y mitos que recorren el bosque, de modo que cuando pasa uno de esos bandos conviene repasar los troncos y no solo las ramas.
El gorrión común [House Sparrow - Passer domesticus] es, probablemente, el pájaro más familiar que existe. Vive pegado a nosotros —en pueblos, ciudades y jardines— y está presente todo el año. Es tan habitual que muchas veces ni lo miramos, pero tiene detalles que merece la pena conocer.
Lo primero que llama la atención es que el macho y la hembra son muy distintos. El macho luce un diseño marcado: gorra gris, nuca y laterales de tono castaño, mejillas claras y, sobre todo, un babero negro en la garganta y el pecho que es su seña de identidad. La hembra, en cambio, es mucho más discreta: tonos pardos y arenosos, espalda veteada y una ceja clara sobre el ojo, sin rastro del babero negro. Distinguirlos es de lo primero que conviene tener claro al empezar a fijarse en las aves de jardín.
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| Gorrión común macho |
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| Gorriona asomándose entre las margaritas |
Es un ave tremendamente sociable. Rara vez lo verás solo: se mueve en bandos que, fuera de los jardines, pueden llegar a ser muy numerosos. En noviembre de 2010 fotografié grandes grupos en el Brazo del Este (Sevilla), desplazándose por los cultivos y carrizales de la marisma del bajo Guadalquivir. Se da baños de arena y aprovecha cualquier recurso, desde semillas y migas hasta los insectos con los que ceba a sus pollos en primavera. Cría en huecos: grietas de edificios, bajo las tejas, cajas nido o cualquier oquedad que encuentre.
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| Bando de gorriones en el Brazo del Este (Sevilla). Noviembre 2010 |
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| Macho posado en un alambre de espino |
Aunque cueste creerlo por lo abundante que es, el gorrión común ha sufrido un descenso notable en muchas ciudades europeas en las últimas décadas, ligado a la pérdida de huecos donde criar y de zonas verdes con insectos. Por eso, esa estampa tan cotidiana de una gorriona asomándose entre las hierbas de un jardín tiene más valor del que parece.