18 mayo 2019

Agateador europeo (Certhia brachydactyla): cómo trepa, dónde verlo y por qué se confunde con el euroasiático

 El agateador europeo [Short-toed Treecreeper - Certhia brachydactyla] es uno de esos pájaros que se ven mucho menos de lo que se tienen delante, porque su plumaje pardo veteado copia la corteza con tanta precisión que hasta que no se mueve uno no sabe que está ahí, y cuando se mueve suele ser hacia arriba y dando la vuelta al tronco, de modo que desaparece justo cuando lo has localizado. Las fotos de esta ficha son de dos sitios muy distintos: un abedul del Parque Natural de Izki, en Álava, una mañana de febrero, y el hide de Solia, en Villaescusa (Cantabria), donde una tarde de mayo apareció, recorrió un par de troncos y se marchó en tres segundos justos.


Agateador europeo trepando por un tronco de abedul con el pico levantado
Trepando por un abedul, con las garras clavadas en la corteza y la cola apoyada por debajo. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G

La silueta es inconfundible en cuanto se conoce: doce centímetros de pájaro estrecho y pardo, con un pico fino y curvado hacia abajo que parece prestado de un ave mayor y que trabaja las grietas de la corteza como una pinza, sacando arañas y pequeños insectos. Las patas llevan uñas largas y ganchudas, y la cola es rígida y de raquis grueso, apoyada contra el tronco igual que hace un pájaro carpintero. Esa combinación explica su manera de moverse, que es la clave de campo más útil de todas: el agateador sube siempre, nunca baja de cabeza. Empieza por la base de un tronco, asciende a saltos cortos describiendo una espiral, y cuando llega arriba se deja caer en vuelo hasta el pie del árbol siguiente para volver a empezar. Quien vea un pájaro pequeño bajando por el tronco con la cabeza por delante no está viendo un agateador sino un trepador azul, que es el único de nuestros pájaros que hace eso con soltura y que además es de un azul pizarra limpio por arriba, sin nada del veteado pardo del agateador.

Agateador europeo de perfil sobre corteza de abedul, mostrando la ceja clara y el pico curvo

De perfil, con la ceja clara, el pico curvo y el veteado del dorso. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G

En España es el agateador que casi todo el mundo tiene cerca. Ocupa bosques bien desarrollados de casi cualquier tipo, tanto frondosas como coníferas, y aparece en pinares, encinares, alcornocales, melojares, hayedos, sotos de ribera y también en parques y jardines arbolados de las ciudades, desde el nivel del mar hasta unos 2.000 metros en las montañas mediterráneas, aunque en el Pirineo no suele pasar de los 1.600. Está en todo el territorio salvo donde falta el arbolado, y se hace raro o desaparece en los grandes valles agrícolas del Ebro, el Duero, el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir, además del sureste árido. Es un ave sedentaria: no hace migración propiamente dicha, y lo único que se le conoce son descensos altitudinales cuando la nieve aprieta en las montañas, más algún movimiento regular en el estrecho de Gibraltar entre octubre y noviembre y a principios de primavera. En la Lista Roja de las aves de España figura como preocupación menor (LC), con una población reproductora amplia y en tendencia positiva. Conviene saber que en la cornisa atlántica y los Pirineos occidentales la subespecie es megarhyncha y en el resto del país brachydactyla, un detalle que importa poco en campo pero que explica que los agateadores del norte se vean algo más oscuros y contrastados que los del interior.


Agateador europeo trepando por un tronco de corteza rugosa con luz cálida
Rebuscando en las grietas de la corteza, que es donde encuentra las arañas e insectos de los que vive. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G

Queda la confusión de verdad, la que da nombre a media búsqueda que llega a esta página: el agateador euroasiático (Certhia familiaris), que se parece tanto al europeo que separarlos es de los ejercicios más difíciles de la avifauna española. Lo primero que hay que saber es dónde puede plantearse siquiera la duda, porque el euroasiático en España solo vive en los Pirineos, la cordillera Cantábrica y el norte del Sistema Ibérico, en bosques maduros y frescos entre unos 800 y 2.000 metros —hayedos, abetales, robledales albares, pinares de pino silvestre y de pino negro—. Fuera de esas montañas no hay nada que decidir: cualquier agateador es europeo. Dentro de ellas, los rasgos que aguantan son estos. El euroasiático tiene la ceja blanca más ancha y más larga, llegando a la frente, las partes inferiores de un blanco más limpio —incluidos flancos e infracaudales, que en el europeo tiran a pardo-ocráceo— y el dorso más contrastado. El rasgo más sólido está en el ala: en el euroasiático las puntas blancas de las plumas forman un escalón evidente, mientras que en el europeo son solo un extremo en forma de rombo, sin escalón. Además el europeo tiene el pico algo más largo y la uña del dedo posterior más corta. Conviene mirar esos rasgos en un ave bien expuesta y con el ala relajada, porque con el ala plegada en escorzo las puntas blancas se superponen y aparentan un escalón que en realidad no está.

 

Agateador europeo visto de espaldas sobre un tronco iluminado, con la cola apoyada en la corteza
Vista dorsal: el veteado pardo y crema del dorso y la cola rígida apoyada contra la corteza. Parque Natural de Izki (Álava), febrero de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600G


Todas las guías rematan diciendo que la voz es el criterio fiable, y hay que añadirles la letra pequeña: en las zonas donde ambas especies coinciden es frecuente que se imiten el canto la una a la otra, de modo que el rasgo más seguro se vuelve traicionero justo donde uno lo necesita. Con un ave dudosa en un hayedo cantábrico o pirenaico, dejarla en «agateador» a secas es la respuesta correcta, y más sabiendo que el euroasiático es una de las especies peor conocidas del país: la Lista Roja española no le asigna categoría de amenaza sino un «datos insuficientes» (DD), que viene a reconocer que no sabemos ni cuántos hay ni cómo les va. En un caso así, una identificación forzada estropea más de lo que aporta un hueco en la lista.


Agateador europeo caminando sobre un tronco caído horizontal, de perfil
Sobre un tronco caído, una postura mucho menos habitual que la de trepar en vertical. Hide de Solia, Villaescusa (Cantabria), mayo de 2019. Panasonic GX8 + Leica 100-400

Para buscarlo, lo práctico es olvidarse de la vista y quedarse con el oído, porque su reclamo es un «tsiit» agudo y fino que repite mientras trepa y que delata su presencia mucho antes de que uno lo localice; en primavera el macho encadena esas notas en una estrofa corta y descendente que suelta una y otra vez sin dejar de subir por el tronco. Un truco que funciona es fijarse en los árboles viejos de corteza resquebrajada y en los troncos con placas sueltas, que es donde encuentra comida y donde además construye el nido, encajado detrás de una lasca de corteza medio despegada. En invierno se une con frecuencia a los bandos mixtos de carboneros, herrerillos y mitos que recorren el bosque, de modo que cuando pasa uno de esos bandos conviene repasar los troncos y no solo las ramas.

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