18 enero 2015

Gorrión común (Passer domesticus): cómo diferenciar al macho de la hembra y dónde verlo

El gorrión común [House Sparrow - Passer domesticus] es, probablemente, el pájaro más familiar que existe. Vive pegado a nosotros —en pueblos, ciudades y jardines— y está presente todo el año. Es tan habitual que muchas veces ni lo miramos, pero tiene detalles que merece la pena conocer.

Lo primero que llama la atención es que el macho y la hembra son muy distintos. El macho luce un diseño marcado: gorra gris, nuca y laterales de tono castaño, mejillas claras y, sobre todo, un babero negro en la garganta y el pecho que es su seña de identidad. La hembra, en cambio, es mucho más discreta: tonos pardos y arenosos, espalda veteada y una ceja clara sobre el ojo, sin rastro del babero negro. Distinguirlos es de lo primero que conviene tener claro al empezar a fijarse en las aves de jardín.

Gorrión común macho posado en un jardín
Gorrión común macho

 
Gorrión común hembra asomándose entre hierba y margaritas
Gorriona asomándose entre las margaritas
 

Es un ave tremendamente sociable. Rara vez lo verás solo: se mueve en bandos que, fuera de los jardines, pueden llegar a ser muy numerosos. En noviembre de 2010 fotografié grandes grupos en el Brazo del Este (Sevilla), desplazándose por los cultivos y carrizales de la marisma del bajo Guadalquivir. Se da baños de arena y aprovecha cualquier recurso, desde semillas y migas hasta los insectos con los que ceba a sus pollos en primavera. Cría en huecos: grietas de edificios, bajo las tejas, cajas nido o cualquier oquedad que encuentre.

Bando de gorriones comunes en el Brazo del Este, Sevilla
Bando de gorriones en el Brazo del Este (Sevilla). Noviembre 2010

Gorrión común macho posado en un alambre de espinos
Macho posado en un alambre de espino

Aunque cueste creerlo por lo abundante que es, el gorrión común ha sufrido un descenso notable en muchas ciudades europeas en las últimas décadas, ligado a la pérdida de huecos donde criar y de zonas verdes con insectos. Por eso, esa estampa tan cotidiana de una gorriona asomándose entre las hierbas de un jardín tiene más valor del que parece.

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