La paloma torcaz [Common Wood Pigeon - Columba palumbus] es la más grande y la más fácil de las palomas que vemos por aquí, y aun así mucha gente la confunde con la paloma de ciudad. La clave está en el cuello: ese parche blanco bien marcado a cada lado, que es justo lo que le da el nombre —«torcaz» viene de torques, collar—. Si ves ese collar, es torcaz sin duda.
En cuanto se mueve, aparece la segunda pista: una banda blanca ancha en el ala, muy visible tanto posada como, sobre todo, en vuelo. Por lo demás es una paloma corpulenta, de cabeza gris azulada, pecho vinoso y un brillo verde y violáceo en los lados del cuello que con buena luz es precioso. El pico es rosado con la punta amarillenta y el ojo, pálido. Los jóvenes son más apagados y todavía no tienen el collar blanco, así que a un torcaz joven hay que identificarlo por el tamaño y la banda del ala.
Con esto ya se separa de las dos especies con las que se lía: la paloma bravía (la urbana) es más pequeña, no tiene el collar blanco y enseña el obispillo claro al volar; y la paloma zurita, aún menor y más uniforme, carece de la franja blanca del ala. Si dudas, mira el cuello y el ala.
Es un ave que oirás antes de verla: su arrullo es ese “cu-cuuu-cu, cu-cú” ronco y repetido que sale de las copas en primavera, además del fuerte aplauso de alas con que despega. La tienes en bosques, parques, setos y cultivos de casi toda España, y cada vez más metida en ciudades y jardines.
Estas fotos son de Liencres (Cantabria): una en lo alto de un tejado al sol y otra posada en un cable, donde se le ve perfectamente la banda blanca del ala.
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| Paloma torcaz adulta sobre el caballete de un tejado; se aprecia el collar blanco y el brillo verde del cuello. Liencres (Cantabria), abril de 2020. |
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| La misma especie en un cable, con la banda blanca del ala bien marcada —una de las claves de identificación—. Liencres (Cantabria), mayo de 2025 |


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