El aguilucho lagunero [Western Marsh Harrier - Circus aeruginosus] es la rapaz característica de los carrizales, y en la marisma se reconoce de lejos por el vuelo. Lo que no se resuelve de lejos es qué ave concreta tenemos delante, porque el macho adulto y la hembra parecen dos especies distintas y, como las hembras y los jóvenes se ven mucho más a menudo, la imagen que queda asociada a la especie es la del ave chocolate con la cabeza crema, que es solo una parte del repertorio. En las tablas de arroz del Brazo del Este, donde están casi todas mis fotos, lo normal es cruzarse con hembras y jóvenes durante toda la mañana y que el macho no aparezca.
La hembra adulta es un ave grande y oscura, de un chocolate uniforme, con tres marcas claras que conviene memorizar porque son las que la identifican de lejos: el capirote de color crema, la garganta también crema y una mancha crema en el hombro, en el borde delantero del ala. Ese hombro claro es lo que permite separarla de un joven del año, que va igual de chocolate y con la cabeza clara, pero sin esa mancha definida y con el iris todavía oscuro, mientras que en la hembra adulta el ojo se ha aclarado a un pardo amarillento.
El macho adulto va tricolor: el dorso pardo, la cabeza y el pecho de un ocre claro finamente rayado y, lo que lo resuelve a cualquier distancia, amplias zonas de gris ceniza en las alas y en la cola, con las puntas de las alas negras. Ese contraste no lo tiene ninguna hembra ni ningún joven, de modo que en cuanto aparece gris en un lagunero ya está sexado. Conviene contar además con los intermedios: el macho tarda varios años en completar ese plumaje, así que hay aves con el gris solo salpicado entre el pardo, que son machos inmaduros y no hembras.
El vuelo sirve donde el plumaje ya no llega, con el ave lejana o a contraluz. El lagunero patrulla bajo y lento sobre el carrizo, con las alas en «V» marcada y un balanceo lateral continuo, y se deja caer en picado corto sobre lo que detecta entre la vegetación. Ese perfil de alas levantadas y ese bamboleo son diagnósticos del género y, con el tamaño y las alas anchas, bastan para dejarlo en lagunero sin necesidad de ver un solo detalle de plumaje.
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| Patrullando a primera hora sobre la marisma, con la luz rasante del amanecer. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2024. Sony a6400 + Sony 200-600 mm |
Una mañana de fin de año en el Brazo pasó a media distancia un lagunero con marcas alares de código, amarilla en un ala y naranja en la otra, del tipo que se coloca en los programas de seguimiento para reidentificar al ave a distancia sin recapturarla. Los marcajes especiales los coordina en España la Oficina de Anillamiento de la Estación Biológica de Doñana, y una foto con el código legible vale como cita: merece la pena forzar el recorte hasta leerlo y remitir la lectura, que es la forma más barata que tenemos los fotógrafos de que una mañana de campo acabe siendo un dato.
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| Ave marcada en un programa de seguimiento, con marca alar amarilla en un ala y naranja en la otra. Brazo del Este (Sevilla), diciembre de 2023. Sony a6400 + Sony 200-600 mm |
La confusión clásica es con los otros dos aguiluchos, y se resuelve por tamaño y por color del obispillo. El lagunero es claramente el más grande y pesado de los tres, de alas anchas y aspecto macizo, y las hembras y los jóvenes son de un chocolate oscuro y saturado. El aguilucho cenizo y el pálido son más pequeños, esbeltos y ligeros, de alas estrechas, y sus hembras y jóvenes —los llamados «ringtail»— tienen un rasgo que el lagunero no tiene nunca: el obispillo blanco, una mancha clara muy visible en la rabadilla, justo donde arranca la cola. Además llevan la cara marcada con un antifaz oscuro y un collarín pálido en la nuca que al lagunero le faltan: el lagunero tiene la cabeza crema lisa, sin dibujo. Si el ave es grande, chocolate, con la cabeza clara y sin nada blanco en la rabadilla, es lagunero.
La población española es residente: los laguneros que crían aquí se quedan todo el año, y en invierno se les suman los que bajan del centro y el norte de Europa, de manera que el grueso de aves se ve entre noviembre y febrero. Cría en todas las comunidades salvo Canarias y Asturias, con el grueso en las cuencas del Duero, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir y el Ebro; Castilla-La Mancha, Castilla y León, Navarra y Andalucía reúnen por sí solas en torno a dos tercios de las parejas. Para invernada, los tres sitios grandes son Doñana, el delta del Ebro y la Albufera de Valencia.
Dónde y cuándo buscarlo: cualquier humedal con carrizal extenso, y también los arrozales y los cultivos de cereal del entorno, donde sale a cazar. Las mejores horas son las primeras de la mañana y las últimas de la tarde, que es cuando patrulla; a mediodía se posa y desaparece de la vista. En invierno se concentra además en dormideros comunales dentro del propio carrizal, a los que las aves van llegando una tras otra en la última hora de luz. Casi todas mis fotos son del Brazo del Este, Los Palacios y el entorno de Doñana, entre diciembre y enero, y casi siempre desde el coche, que en la marisma funciona mucho mejor que cualquier hide.
La otra confusión habitual es el busardo ratonero, que comparte con el lagunero el tamaño, el tono pardo y la costumbre de bajar al suelo en campo abierto. El ratonero es más compacto y rechoncho, de cabeza redonda y corta, cola corta y ancha y alas más romas, mientras que el lagunero es más largo y estilizado, de cola larga y alas apuntadas, con el capirote y la garganta de un crema neto que el ratonero no tiene. Sobre el terreno y con las aves agachadas entre la hierba, que es como se dan la mayoría de las veces, la separación cuesta más de lo que sugiere cualquier guía: en la escena que cierra esta ficha tuve las dos especies a pocos metros una de otra en el mismo claro, y hasta ampliar el archivo no distinguí cuál era cuál.




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