Vuelvepiedras común
[Ruddy Turnstone – Arenaria interpres]
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| Costa de Cádiz. Marzo de 2011. Canon 450D + Canon 400mm F5,6L |
Fotografía e identificación de aves de España y Europa, con foco en Cantabria y Andalucía: fichas de especies, rutas y dónde verlas.
Hoy la campiña sevillana me regaló la estampa de un Elanio común. Lo vi posado en un poste, atento, con esa mirada fija que no deja escapar nada. Poco después se lanzó a cernirse en el aire, batiendo las alas con rapidez hasta dejarse caer sobre el campo en busca de un ratoncillo o un insecto.
El elanio es una rapaz pequeña, elegante, de tonos claros y ojos rojos intensos. Cada vez es más frecuente en nuestras campiñas, donde encuentra un hábitat perfecto entre rastrojos, cultivos y olivares. Su vuelo cernido recuerda un poco al del cernícalo, pero con un toque más delicado.
Verlo en acción es un recordatorio de cómo estas tierras siguen siendo refugio para especies que, poco a poco, se van asentando en el sur peninsular. Un lujo tenerlo tan cerca.
Varios ejemplares de Chorlito dorado con plumaje no reproductor en los sembrados cerca de Lantejuela (Sevilla). Equipo: Canon 450D + Canon 400mm F5,6L
El águila imperial ibérica [Spanish Imperial Eagle - Aquila adalberti] es una de esas aves que hacen especial el pajareo en España, porque no se puede ver en ningún otro lugar del mundo: es un endemismo ibérico, repartido sobre todo por el centro y el suroeste peninsular. He tenido la suerte de cruzármela un par de veces en la provincia de Sevilla, y las dos fueron ejemplares jóvenes.
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| Ejemplar juvenil. Utrera (Sevilla). Diciembre 2010. |
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| Ejemplar juvenil. Utrera (Sevilla). Diciembre 2010. |
Y conviene saber que adultos y jóvenes son muy distintos. Los juveniles, como los de estas fotos, son de un tono pardo claro y leonado, casi canela, bastante uniforme. El adulto, en cambio, es de un marrón muy oscuro, casi negro, con la nuca clara y, sobre todo, con unas inconfundibles "hombreras" blancas en la parte delantera de las alas que ninguna otra rapaz ibérica comparte: ese es el rasgo clave para identificarla sin dudas.
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| Otro juvenil. Provincia de Sevilla. Febrero 2012 |
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| Provincia de Sevilla. Febrero 2012 |
Identificar a los juveniles tiene su miga: son de las rapaces que más quebraderos de cabeza dan, porque recuerdan a los jóvenes de su pariente asiática, el águila imperial oriental (Aquila heliaca), una confusión clásica. Pero en España la imperial que vemos es siempre la ibérica.
A distancia y en vuelo también es fácil confundirla con el águila real, con la que comparte un tamaño imponente. La diferencia está en esas charreteras blancas del adulto y en una silueta algo más recortada.
Pero lo que de verdad la hace única es su historia. Estuvo al borde de la extinción hace unas décadas, reducida a un puñado de parejas, y gracias a años de trabajo de conservación se ha ido recuperando poco a poco, aunque sigue siendo una rapaz escasa y muy protegida. Cada avistamiento, por eso, sabe a algo más. La mejor zona para buscarla es el entorno de Doñana, Sierra Morena y las dehesas del suroeste, donde caza sobre todo conejos.
Fotografías con Canon 450D + Canon 400mm F5,6L.
La cigüeña blanca [White Stork - Ciconia ciconia] es de las pocas aves grandes que no hace falta buscar: cría en pueblos, sobre campanarios, postes de electricidad y nidos que se ven desde la carretera, y es tan reconocible que apenas hay confusión posible de cerca. El adulto lleva el cuerpo blanco entero, con las plumas de vuelo —las primarias y secundarias— negras, de modo que posada parece toda blanca y en vuelo o con las alas abiertas enseña esa mitad oscura por detrás. El pico y las patas son de un rojo coral que en los jóvenes del año sale apagado, más anaranjado o pardusco, y se satura con la edad. No hay dimorfismo sexual apreciable: macho y hembra son iguales a ojo.
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| Concentración posnupcial de unas nueve aves en el caballete de una nave, a contraluz de tarde. Utrera (Sevilla), agosto de 2026. Sony α7R II + Sony 200-600mm + teleconversor 1,4×, 840 mm |
La confusión seria es con la cigüeña negra, y solo se da en vuelo y a distancia, cuando el color se pierde y quedan dos siluetas grandes planeando con el cuello estirado y las patas colgando por detrás de la cola —así vuelan las dos, y así no vuela ninguna garza—. El carácter que resuelve la duda está en el ala vista desde abajo: en la blanca todas las coberteras son blancas y solo las remeras son negras, así que el ala se lee partida en dos mitades limpias; en la negra el ala entera es oscura por debajo y el blanco queda reducido al vientre y a una cuña en las axilas. Posada la diferencia es más fácil todavía, porque la negra es oscura de cabeza a cola salvo el vientre, y la blanca es blanca salvo las alas.
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| Despegando. Brazo del Este. Diciembre 2025. Sony A7RII + SEL200600G + SEL14TC |
Es sedentaria en gran parte de su área ibérica y a la vez migradora parcial: una porción de la población, sobre todo la que cría en el centro y el norte de Europa y atraviesa la Península en paso, sigue cruzando el Estrecho hacia el África subsahariana entre mediados de agosto y finales de septiembre, con retorno a partir de febrero. Pero cada vez más cigüeñas —también muchas de las que crían aquí— se quedan a invernar en España en vez de cruzar: pasan el invierno en vertederos, arrozales encharcados y marismas, aprovechando la comida fácil y el clima cada vez más suave. Es de las historias de cambio de comportamiento mejor documentadas en aves ibéricas de los últimos veinte años.
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| Nido de cigüeña. Doñana. Marzo del 2011. Canon 450D + Canon 400mm F5,6L |
Cría sobre todo en la mitad occidental de la Península —de Castilla y León y Extremadura hacia el sur, con núcleos importantes también en el valle del Ebro y en Galicia y Asturias, donde ha ido ganando terreno en las últimas décadas— y la población española viene de una recuperación notable: de mínimos históricos en los años 80 a más de 40.000 parejas censadas en 2014, con la tendencia más reciente ya estabilizada. El caballete de la foto de Utrera, en agosto, no es un nido: es un posadero de concentración posnupcial, un punto de reunión donde adultos y jóvenes del año se juntan a descansar antes de que unas partan hacia el sur y otras se queden.
En Doñana y el bajo Guadalquivir es fácil verla todo el año, tanto en arrozales y marismas como sobre los tejados de los pueblos cercanos, y conviene mirar dos veces cualquier bando posado a distancia: entre cigüeñas blancas se cuelan a veces garcillas bueyeras o incluso alguna negra suelta, sobre todo en invierno.
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| Gran bando de cigüeñas en migración hacia África por el Brazo del Este (Sevilla). Septiembre 2010. Canon 450D + Sigma 18-200mm F3.5-6.3 |
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| Otro bando en la marisma del Brazo del Este, en invernada. Enero 2024. Sony 6400 + Sony SEL200600G |
Pocas especies de limícolas ponen tanto a prueba la paciencia y la capacidad de observación en los humedales como la agachadiza común [Common Snipe - Gallinago gallinago]. Mientras que la mayoría de las aves de su entorno se delatan fácilmente al moverse en bandos abiertos por las orillas, esta especie ha hecho de la invisibilidad su principal estrategia de supervivencia durante la invernada en la península ibérica.
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| Complejo endorreico la Espera, Cádiz. Canon 450D + Sigma 170-500mm |
El encuentro con una agachadiza suele seguir un patrón casi idéntico en cada salida al campo: el observador camina por el borde de una tabla de arrozal o un pastizal encharcado sin notar absolutamente nada, hasta que el ave arranca el vuelo de manera repentina a escasísimos metros de sus pies.
Esta conducta de huida es uno de sus rasgos más diagnósticos. A diferencia de otros limícolas que realizan vuelos rectilíneos y predecibles, la agachadiza común inicia un ascenso meteórico ejecutando quiebros muy cerrados en zigzag. Este vuelo errático va acompañado de un reclamo sibilante, agudo y áspero, emitido por lo general en el mismo instante del despegue. En el aire, la silueta revela unas alas apuntadas con el borde posterior blanco y un diseño de cola donde destacan los tonos rojizos, caracteres limpios que permiten diferenciarla de la agachadiza chica, notablemente más pequeña y silenciosa al volar.
Cuando el ave no se siente presionada y retoma su actividad, se hace evidente la extraordinaria especialización de su anatomía. Su área de alimentación se restringe a zonas de lodo muy blando, pastos saturados de agua o rastrojos inundados, entornos donde su plumaje críptico (dominado por líneas longitudinales de color crema y pardo) se funde por completo con la vegetación seca.
Allí despliega su método de caza, que consiste en un sondeo continuo y vertical del terreno, introduciendo el larguísimo pico en el fango como si fuera un pistón. Este apéndice no es una simple pinza rígida; la punta es flexible y cuenta con una altísima densidad de células sensitivas. Gracias a ellas, la agachadiza detecta las vibraciones de lombrices, larvas de dípteros y pequeños crustáceos bajo el lodo sin necesidad de verlos. Esta capacidad de alimentación subsuperficial explica por qué los arrozales cosechados del delta del Ebro, las marismas del Guadalquivir o los regadíos del interior peninsular concentran millares de ejemplares procedentes del norte de Europa desde octubre hasta marzo, convirtiendo a esta limícola en una pieza clave de la biomasa invernal de nuestros humedales.